Calesita

Acta Incaica del Martirio de San Justino y Compañeros

Concelebrando al dios Inti
Luego de los brillantes ejemplos de inculturación impía ofrecidos por el Cardenal Ravasi y los obispos chilenos, con su participación activa en cultos paganos, dedico a todos los inculturadores, esta paráfrasis de las Actas del Martirio de San Justino y sus Compañeros.
Para los romanos, todo acto administrativo, debía certificarse por escrito, de allí que se conserven muchas Actas de los Santos Mártires.
Se hace necesario decir, que toda paráfrasis es en parte ficción y en parte realidad, y evita tener que hacer comentarios al respecto. Como dicen por ahí que somos arqueologistas, conservé la ortografía castellana de época del texto base, aquí les dejo un motivo para que sus mentiras sean menores; pero al mismo tiempo, me sumerjo en el surrealismo, para que no digan que ignoro el modernismo y solo vivo del pasado.

Su original puede leerse o bajarse desde este enlace, páginas 58 –63.
***
Como dice Kasper, la novedosa Iglesia ya no es santa de acuerdo a la enseñanza de la Tradición, por ende, debe pedir perdón todos los días, porque no sabe interpretar los signos de los tiempos.
Las hordas españolas en su empuje evangelizador, no respetaron la inculturación propiciada por el Espíritu del Vaticano II, y cometieron el crimen de convertir los incas a la cristiandad, aquí va este mal ejemplo que encontré entre ciertos textos españoles:
Justino, y los que estaban con él, fueron arrestados, y conducidos a Cuzco, en donde se les hizo comparecer en el Tribunal de Koka, Curaca 1 de la Ciudad. Dirigiéndose este Magistrado á Justino, le dixo:
– ¿No quieres tú obedecer á los dioses Incas, y al Sapainca 2?
Justino le respondió:
Qualquiera que obedeciere á Jesu-Christo nuestro Salvador, no podrá ser jamás condenado.
¿Qué ciencia, ó qué arte profesas? – continuó el Curaca.
Hasta aquí, – respondió Justino, – he trabajado en adquirir todos los conocimientos naturales, y humanos y no hay género de erudicion alguna en que mi curiosidad no me haya hecho hacer algun progreso; pero en fin, ya me he fixado en la ciencia de los Christianos, aunque no sea del gusto de los que no le tienen sino por error.
¿Pues qué, miserable, – volvió á preguntar Koka , – esa ciencia aculturada te puede agradar?
Sí , sin duda , – dixo Justino – porque me hace andar con los Christianos en el camino de la verdad, y porque contiene una doctrina recta, y pura.
¿Qué doctrina es esa?
La que siguen los Christianos, que consiste en creer que no hay mas que un Dios, que ha criado todas las cosas que se ven, y todas aquellas que no estan sujetas á los sentidos: en reconocer á un Señor solo, que es Jesu-Christo Hijo único de Dios, predicho en otro tiempo, y anunciado á los hombres por los Profetas, que ha de venir á juzgar á todo el Género Humano. El es el que es el Autor, de la salvacion, el que ha venido á publicarla en el mundo. Gusta de ser el Maestro de los que quieren aprender de él las verdades que enseña. Pero yo, que soy un hombre sin inteligencia, confieso que tengo muy pocas luces para poder hablar de su divinidad de un modo que sea digno de ella: no toca sino á los Profetas el penetrar en este abismo de grandeza y ellos son quienes por inspiracion de Dios han predicho la venida de aquel que yo acabo de llamar su Hijo, y la anunciaron muchos siglos antes que apareciese sobre la tierra.
Preguntóle el Curaca dónde se juntaban los Christianos. Justino le respondió, que era libre á cada uno el hallarse en qualquiera parte que pudiese.
¿Pensais acaso, – continuó él, – que tenemos nosotros algun lugar determinado en donde ordinariamente tenemos nuestras asambleas? No por cierto. Sabed que el Dios de los Christianos no está limitado á un lugar: es inmenso, como tambien invisible, y llena el cielo, y la tierra de este modo es adorado en todo lugar, y cada fiel le puede rendir omenage en donde quiera que se halle.
– ¿Luego tú eres Christiano integrista? – le dixo el Curaca Koka.
– Sí soy un Christiano íntegro, – respondió Justino.
Entonces, volviéndose el Curaca hacia Cariton, le dixo:
– ¿Y tú eres tambien Christiano?
Respondióle este:
– Sí lo soy por la gracia de Dios.
Hizo el Curaca acercar á una muger llamada Caritaina, y la preguntó si era Christiana fundamentalista; y ella dixo, que era Christiana por la misericordia del Señor.
Preguntó el Curaca á Evelpisto sobre su Religion, y de qué condicion era. Evelpisto respondió:
– Yo soy pina 3 del Sapainca; pero soy Christiano, y liberto de Jesu-Christo; y por un efecto de su bondad, tengo la misma esperanza que tienen estos que veis, y vivo como ellos en la misma espectacion.
Dirigióse despues el Curaca á Hierax, y le preguntó si era Christiano integrista.
– Ciertamente, – respondió Hierax, – soy un Christiano íntegro, y adoro al mismo Dios que los otros adoran.
– ¿Es ese Justino, – dixo el Curaca, – quien te ha hecho Christiano integrista?
– Por lo que á mí toca, – respondió Hierax, – yo he sido Christiano, y lo seré.
Uno llamado Peon, que estaba presente, dixo en alta voz:
– Yo tambien soy Christiano íntegro y con fundamentos.
– ¿Y quién te ha instruido como fundamentalista? – replicó el Curaca.
– Mis padres, – respondió Peon.
Evelpisto añadió:
– Yo oía con placer las instrucciones de Justino, pero tambien he aprendido de mis padres á ser Christiano con fundamentos, o sea fundamentalista.
Dixole el Curaca:
– ¿Dónde estan tus padres?
– Estan en Machu Picchu, – respondió Evelpisto.
Hizo el Curaca la misma pregunta á Hierax, que le respondió de esta manera:
– Nuestro verdadero padre es Jesu-Christo, y la Fé es nuestra verdadera madre: por ella es por quien nosotros creemos en él. Por lo que toca á los padres que yo he tenido sobre la tierra, digo que ya se han muerto. En quanto á lo demás, yo he sido sacado de la Atacama, y desde allí me han trahido aquí.
Preguntó el Curaca á Liberiano, qué decía él, y si era tambien Christiano integrista, é impío para con la Pacha Mama y el dios Inti. Liberiano respondió que era Christiano íntegro, y que adoraba al verdadero Dios.
– ¿Acaso no conoces, – preguntó Koka, – que el Cardenal Ravasi se ha inculturado y ofrecido incienso a la Pacha Mama, y que los obispos chilenos onraron al dios Inti?
– Yo solo conozco que adoro un solo Dios.
Volviendo otra vez el Curaca á Justino, le dixo:
– ¿Escuchas tú, que te haces el orador, y que te precias de eloqüencia, y de doctrina: tú que crees poseer la verdadera sabiduría; quando yo te hubiere hecho desgarrar á azotes desde la cabeza hasta los pies, piensas tú subir al cielo en este estado?
– Yo espero, – respondió Justino, – que si sufro por Jesu-Christo el suplicio con que me amenazais, recibiré de él lo que ya han recibido los que han guardado sus preceptos; porque sé que la gracia de Dios está reservada hasta el fin del mundo para todos aquellos que hubieren vivido de este modo.
– ¿Luego tú te imaginas, – le dixo el Curaca, – que te aguarda una gran recompensa en el cielo?
– No lo imagino, lo sé; y estoy tan convencido de ello, que no tengo la menor duda.
Díxole el Curaca Koka:
– Dexemos todo eso, y vamos al grano, y á lo que es mas urgente: juntaos todos, y animados de un mismo espíritu inculturado, y junto a los obispos chilenos y el cardenal Ravasi, preparaos para sacrificar á la Pacha Mama y al dios Inti.
Tomando Justino la palabra por todos, dixo:
– Todo hombre que se precie de ser cuerdo, jamás abandonará la verdadera piedad, por seguir la impiedad, y el error.
– El Curaca le dixo:
– Debéis inculturaros, y si no obedeceis á nuestra orden, podeis esperar el ser tratados sin alguna misericordia.
Respondió Justino:
– Nada deseamos con mayor ardor, que padecer por nuestro Señor Jesu-Christo, y de llegar á verlo por medio de los tormentos. Este es quien nos dará la recompensa en su recto tribunal, donde todos los hombres han de comparecer para ser juzgados.
Dixeron todos lo mismo, y añadieron:
– Haced lo que quisiéreis: nosotros somos Christianos, no aceptamos la inculturacion impia y no sacrificamos á vuestros Idolos.
Oído esto por el Curaca Koka, pronunció esta sentencia:
– Mando que los que no han querido sacrificar á los dioses, participar de los ritos de la Pacha Mama, honrar los dioses de los incas, ni obedecer á los obispos chilenos, ni seguir el ejemplo del Cardenal Ravasi, como lo da a entender el Espíritu surgido del Concilio Vaticano II, sean azotados con varas, y conducidos al lugar del suplicio para perder allí la Vida degollados.
"Arrojando incienso" al dios Inti
Fueron, pues, llevados estos santos Mártires al lugar donde se ajusticiaban los delinqüentes; y allí entre las alabanzas, las acciones de gracias, y las bendiciones que daban á Dios, fueron primero azotados, y despues se les cortó la cabeza, confesando á su Salvador hasta el último suspiro. Despues de su muerte, levantaron algunos Fieles secretamente sus cuerpos, para no ser acusados por los modernistas, y los enterraron en lugar decente.


1 Jefe de la ciudad.
2 Emperador inca.
3 Esclavo inca.

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