Calesita

El Padrenuestro del Minimalismo

Jesucristo Pantocrátor, mosaico del siglo VI, Basílica de San Apolinar Nuovo, Rávena
¿Cómo han hecho para negar el estado de purificación de las almas, o como lo llamaban los antiguos, el purgatorio? He aquí el método, que ha llegado a imponerse con éxito absoluto.
Dice El País en su edición del 26 de octubre de 1988:
El arzobispo de Toledo y presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia, cardenal Marcelo González Martín, presentó ayer a la Prensa el nuevo texto unificado del ordinario de la misa para los 22 países de habla española, durante un acto que se celebró en la sede de la Conferencia Episcopal en Madrid. El nuevo texto entrará en vigor el próximo 27 de noviembre en España.Durante la presentación, el cardenal de Toledo señaló que no se trata de una reforma de la misa, sino de unificar las expresiones para la parte fija del ritual, como el canon, el padrenuestro y el credo.
LAS DOS VERSIONES. – Presentamos entonces las dos versiones del Padrenuestro, la tradicional y la reformada, subrayamos los cambios producidos:
Tradicional
Reformada
Padre nuestro que estás en los Cielos,
Padre nuestro que estás en el Cielo, (1)
santificado sea tu nombre,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu Reino,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo.
hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo, (2)
El pan nuestro de cada día dánosle hoy
danos hoy nuestro pan de cada día, (3)
y perdónanos nuestras deudas,
perdona nuestras ofensas, (4)
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
y no nos dejes caer en la tentación,
y no nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del mal. Amén
y líbranos del mal. Amén.
Análisis de los cambios realizados:
(1) Aquí el plural tradicional, no indica cantidad, si bien lo fue en un tiempo con otra concepción del universo por parte del hombre. Lo que han hecho es abandonar este plural enfático o poético y pasarlo a un singular prosaico. Interpretamos que se busca adaptar la oración a la mente moderna, una obsesión permanente dentro de ciertos prelados. En este caso, el cambio suena intrascendente.
(2) Se abandona el adverbio “así”, con el significado “de este modo”, “de la misma manera”. Este adverbio indica que la voluntad divina es una unidad, para toda la creación. El cambio denota irreflexión o manipulación conceptual, pues ahora puede interpretarse, que la voluntad divina no es única, sino que existen dos distintas, una para el cielo y otra muy diversa para la tierra: se ha roto su unidad intencionalmente.
(3) Aquí se cambió toda la construcción y se eliminó el pronombre enclítico “le”, referido al pan. No pongo objeciones a la eliminación del “le” enclítico, parece de uso arcaico y no se observa manipulación en la traducción del original griego: τὸν ἄρτον ἡμῶν τὸν ἐπιούσιον δὸς ἡμῖν σήμερον.
(4) Aquí nos hallamos con dos cambios:
a. El abandono del enclítico “nos”, pues se está en la línea de abandonar todos los enclíticos; pero el pronombre se halla presente tanto en el original griego, como en la versión latina: καὶ ἄϕες ἡμῖν – dimitti nobis. Debemos decir, que se abandona el texto original, en virtud de una traducción libre e intuitiva. Aquí no se debía suprimir el enclítico, si se deseaba ser fiel al original; y sin enclítico, no existe modo de poderse traducir.
b. El segundo cambio es gravísimo. Se cambia totalmente el significado del sustantivo. De una deuda, pasamos a tener una ofensa. Si usted tenía con Dios una deuda que pagar, tranquilo, respire hondo, ahora ya no la debe, tan solo ha sido una ofensa, la cual ya está perdonada... Esto se llama, manipulación del texto, algo que ciertas sectas de iconoclastas protestantes realizan a la perfección. Esta no es una manipulación sutil, sino verdaderamente burda, llamativa y malintencionada.
NEGANDO LA PURIFICACIÓN. – ¿Qué se busca con ella? Varias cosas, entre ellas algo tan simple como negar el estado de purificación de las almas, o como decían los antiguos, el Purgatorio. Así es como se mueven estos herejes en potencia, bien enquistados en el silencio, para no ser notados. Al negar el purgatorio, se ha negado la purificación y se ha negado la naturaleza misma del pecado.
NATURALEZA DEL PECADO. – Sin pretender extenderme, pues para esto están los grandes maestros y teólogos, digamos a vuelo de pájaro, que todo pecado tiene implícito un daño, que genera la deuda; una ataque hacia el mandato divino, pues rompe el orden natural por él creado y crea un vínculo, una atadura con el pecado mismo. Al decir perdona nuestras ofensas, tal vez nos arrepentimos de romper el orden natural de la creación, pero no reparamos el daño, ni rompemos el vínculo. Por otra parte, no siempre se puede reparar el daño cometido, por ejemplo, en un asesinato, el pecador puede arrepentirse, pero no puede volver su víctima a la vida. Este daño, se lo debe pagar a Dios mismo: es una feroz deuda contraída. ¿Cómo se la paga? Una de las formas, es perdonando el daño que nos hicieron, la otra es con la debida penitencia y dando limosnas.
Afirmaba el Catecismo de San Pío X, en su punto 311:
¿Por qué nuestros pecados se llaman deudas (en el padrenuestro) ?
Nuestros pecados se llaman deudas porque hemos de satisfacer por ellos a la divina justicia en esta vida o en la otra.
EL SOFISMA: DEUDA-PECADO-OFENSA. – El razonamiento efectuado, por nuestros ilustres pensadores, es el siguiente:
¿Es una deuda el pecado?
Sí es una deuda.
¿Es una ofensa el pecado?
Sí es una ofensa.
Por lo tanto, la deuda es una ofensa.
Pero sucede que una deuda no es una ofensa. Aquí radica el error de este sofisma de nuestros ilustres pensadores. El pecado es una ofensa en orden a la intención del pecador de pretender romper el orden natural de la creación; y el pecado es una deuda porque genera un daño que debemos pagar a la justicia divina; pero de ningún modo, una deuda es igual a una ofensa. Como decía el propietario de un inmueble:
El inquilino del segundo piso, es muy respetuoso y un gran amigo mío; pero me adeuda tres meses...
EL MINIMALISMO. – ¿Cómo quieren llamarle a este sofisma, ilustres teólogos de pacotilla, evolución del dogma en orden al pecado?
Este es el padrenuestro minimalista, aquel que reduce los conceptos al mínimo, y sobretodo aquel que nos lleva a la herejía.
LA OPINIÓN DE LOS ORTODOXOS. – A este respecto, dejo como final, otra opinión, la cual comparto. ¿Cómo vieron los ortodoxos esta reforma sobre el punto (4) del padrenuestro? He aquí lo que dicen:
Después del Concilio Vaticano II, la jerarquía católica española cambió el texto de la oración del “Padrenuestro”, tradicional en España desde la Edad Media, adoptando el que estaba en uso en América Latina.
El mismo Vicepresidente de la Sagrada Congregación vaticana para la defensa de la Fe (Santo Oficio) ha reconocido que el nuevo texto es desafortunado. He aquí las razones que hacen de esta oración, en su recitación actual en la Iglesia católica española, un falso texto que incluso puede ser tachado de herejía verbal:
1 – Es una falsa traducción de las palabras de Jesús que figuran en el original griego de los Evangelios
El texto que reproduce las palabras de Jesús (quien sabía bien lo que quería decir y enseñar a decir a sus discípulos) es: καὶ ἄφες ἡμῆν τὰ ὀφειλήματα ἡμῶν, ὡς καὶ ἡμεῖς ἀφίκαμεν τοῖς ὀφιλέταις ἡμῶν (y perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores). Traducir ὀφειλήματα y ὀφιλέταις por “ofensas” y “a los que ofendemos”, es un error craso además de demostración de ignorancia de la lengua griega.
2 – Es una falsedad que raya en la herejía si se quiere ser preciso en el dogma
El texto erróneo que hoy se recita dice que Dios debe perdonar nuestras ofensas. Es decir que nosotros ofendemos a Dios. Esto es una herejía. Dios no puede ofenderse. Dios es inmutable en su infinita perfección y, si una creatura pudiera ofenderle, se rebajaría a la altura de la creatura misma y sería un ser mutable como lo somos nosotros que un día nos ofendemos y luego nos desofendemos si el ofensor nos pide perdón. Incluso en el orden humano, para que alguien pueda ofender a otro, tiene que estar a su misma altura. Si un niño de tres años me dice: “¡Qué malo eres!”, yo no me ofenderé. Si me lo dice mi jefe de oficina o un amigo, sí que me ofenderé, porque éste está a mi altura y me juzga mal. Por tanto, ofender a Dios es rebajarle a la altura de la creatura y, por tanto, una herejía, condenada ya en los primeros Concilios Ecuménicos. 1
Jesús, como he dicho, sabía muy bien lo que quería enseñar a sus discípulos. Y dijo “deudas”. ¿Porqué? Pues porque, por el hecho de ser creaturas de Dios, absolutamente todo lo que tenemos se lo debemos a Él. “¿Qué tienes que no lo hayas recibido?” pregunta San Pablo (1 Cor. 4,7). Por tanto, nuestra primera relación con Dios es la de deudores. Jesús lo declaró con la parábola de los talentos, que se halla en el Evangelio según san Mateo, cap. 25, del versículo 14 al 30. Un hombre rico, al ausentarse, confía unos talentos a sus servidores. Y ya sabemos la historia. Todos los devuelven al regresar el Señor, junto con los interesas que han producido, y reciben la recompensa, excepto el último que no ha querido exponerse, es decir, no ha querido asumir su deuda y es castigado.
Conclusión: hagamos todo lo posible para que una oración tan fundamental como el “Padre nuestro” en nuestra práctica cristiana no se desvirtúe y falsifique por obra de la ignorancia y la incuria de los que deberían velar por la ortodoxia de la fe.
3 – Falsa justificación
Algunos a los que se ha interpelado por causa de este error de traducción, dicen “es para que la gente comprenda mejor que hay que perdonar al prójimo”.
Esta justificación es un grave error. Primero porque falsea el texto original. Segundo porque, por desinterés o por ignorancia, evita instruir a los fieles con la verdad del Evangelio. La oración que Jesús nos enseñó dice “deudas” y “deudores”. Magnífica ocasión para que el sacerdote o catequista, en lugar de simplificar el concepto, cambiando los términos por “ofensas” y por “a los que os ofenden”, forme a los fieles con una lección de sana teología. Que les explique que, como se ha dicho antes, todo lo hemos recibido de Dios y se lo “debemos” y les haga ver también por qué no podemos “ofender” a Dios, como también se ha dicho anteriormente. Desgraciadamente, en la Iglesia latina reciente, se advierte una tendencia a facilitar y simplificar los dogmas en su exposición a los fieles, en lugar de aprovechar la ocasión de darles una sólida formación teológica, haciéndoles comprender el significado, la razón de ser y, si hace al caso, la historia, de las afirmaciones dogmáticas de la fe cristiana. De esta manera los creyentes de hoy no llegan a tener ni siquiera un barniz de formación religiosa. ¿Cómo podrán dar testimonio a quienes les pidan la razón de la esperanza que llevan en sus corazones? (1Pe 3,15). La razón de que muchos cristianos de hoy no hayan cortado con la Iglesia es simplemente la “costumbre” heredada de sus padres. Si el clero continúa a no dar solidez a la fe de sus fieles, está sirviendo en bandeja a las generaciones futuras, el olvido de la religión. La mera “costumbre” – y más en los tiempos que corremos – no tiene raíces y no tardará en ser abandonada.
P. Archimandrita Juan Sergio (Nadal), SJ 2
ÉXITO TOTAL. – Sin lugar a dudas, el éxito obtenido en esta reforma, ha sido único. Es preciso reconocer que son muy hábiles en reformar, el problema se les plantea, si podrán sostener esta reforma, y por cuanto tiempo; pues la verdad, es como el corcho de una botella, siempre sale a flote.
1 Se hace necesario decir que en un sentido estricto, a Dios nunca se lo ofende, como lo afirma el Salmo 58, Dios se ríe del pecador, pues su ataque no lo alcanza. Aquí el archimandrita, toma la posición del Salmo 58; pero puede verse la ofensa desde el ángulo del pecador, que busca ofender a Dios, y este es el sentido que se le da a la ofensa.
2 http://ortodoxia-digital.blogspot.com.ar/2014/09/a-proposito-del-texto-castellano-actual.html

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