Calesita

Las antífonas "O"

La Sabiduría edificó su casa. (Prov. 9,1)
Roberto Ferruzzi (1853-1934)
Las antífonas de la O son siete, y la Iglesia las canta con el Magnificat del Oficio de Vísperas desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre. Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.
Se llaman así porque todas empiezan en latín con la exclamación «O», en castellano «Oh». También se llaman «antífonas mayores».
Fueron compuestas hacia los siglos VII-VIII, y se puede decir que son un magnífico compendio de la cristología más antigua de la Iglesia, y a la vez, un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad, tanto del Israel del A.T. como de la Iglesia del N.T.
Son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre: «Oh». La comprensión cada vez más profunda de su misterio. Y la súplica urgente: «ven»
Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del A.T., pero entendido con la plenitud del N.T. Es una aclamación a Jesús el Mesías, reconociendo todo lo que representa para nosotros. Y termina siempre con una súplica: «ven» y no tardes más. 1
El día 17 de diciembre se canta la Antífona “O Sapientia”.
Sapientia, es la Sabiduría del Padre, quien oculto en las tinieblas divinas, la engendra en su Hijo, y por una orden suya, se vuelve a engendrar en el seno purísimo de la Virgen María, Madre de la Sabiduría, de este modo, Jesucristo será el icono de la Sabiduría del Padre. Dice la antífona:
O Sapientia, * quae ex ore Altissimi prodisti, attingens a fine usque ad finem, fortiter suaviter disponensque omnia: veni ad docendum nos viam prudentiæ.
¿Por qué debe venir hacia nosotros la Sabiduría? La misma se hace necesaria, pues el ser humano la ha perdido con su pecado original, y su sabiduría es imperfecta y necesita imbuirse por Gracia, de la Sabiduría del Padre.
Esta Sabiduría que sale de la boca (ex ore) del Padre, es la que al salir de la tiniebla divina posee estos atributos: tanto la gran profundidad como la gran altura; ambos atributos los da el Altissimi, y esta Sabiduría oculta, tanto por su profundidad como por su altura inaccesible, al fin se deja ver (prodisti).
A propósito de esta profundidad Santa Catalina de Siena la compara al mar en su Oración a la Trinidad:
Tú, Trinidad eterna eres un mar profundo, que cuanto más me adentro más encuentro, y cuando más encuentro más busco de ti. Tú eres insaciable, pues saciándose el alma en tu abismo no se sacia, porque siempre permanece con el hambre de ti, tiene sed de ti Trinidad eterna, deseando verte con la Luz en tu Luz.
Esta Sabiduría todo lo abarca, tocando (attingens) de un fin hasta el otro fin, de un límite al otro límite, desde una consumación hasta la consumación final (a fine usque ad finem).
Esta Sabiduría, absolutamente todo (omnia) lo ordena (disponens) con dos características esenciales: usando la fuerza (fortiter) y por contrapartida, usando la suavidad (suaviter). No existe revolución en la Sabiduría divina hecho icono en Jesucristo; no existe evolución en la Sabiduría, solo existe un orden fuerte y suave.
Este orden fuerte y suave es lo que queremos, por eso se grita que venga (veni).
¿Qué hace en esta venida? Esta Sabiduría es docente, y viene a enseñar (ad docendum).
¿Pero qué enseña? El Camino de la prudencia (viam prudentiæ). Es nuestra prudencia el auriga que posee en su mano las riendas de los caballos de nuestra naturaleza y es la que dosifica esta fuerza junto a la suavidad. La prudencia nace de ese conocimiento de la Sabiduría y domina las pasiones como el auriga lleva su látigo contra los caballos que se desbocan contra la naturaleza misma, y por este conocimiento dirige sus riendas.
No es una antífona esotérica o masónica, donde el hombre camina hacia la sabiduría, tratando de gestarla; sino por el contrario, es la Sabiduría que viene al encuentro del género humano, solo es necesario recibirla y para recibirla es necesario vaciarse de todo lo que la obstaculiza.
La sabiduría no es una ciencia, por el contrario nos aleja del obscurantismo científico que forman las tinieblas espesas de nuestra modernidad.




1Tomado de http://www.mercaba.org/LITURGIA/Adv/antifonas_O.htm

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