Calesita

Oración a la Santísima Trinidad

La Trinidad, tomado de Andréi Rublev (¿1360-1430?)

Lo que presentamos aquí es una oración dirigida a la Santísima Trinidad compuesta por la mística Santa Catalina de Siena (1347-1380).

Es la teología la hipóstasis de toda oración, de allí que cuanto más profunda es la teología, más elevada se puede hacer la oración.
Es lo que enseña Evagrio Póntico (345-399), principio recogido por Nilo el Asceta (siglo V):
Si eres teólogo, orarás verdaderamente, y si oras verdaderamente, serás teólogo.
Cuando se reza, no se hace otra cosa que substanciar la teología, lo cual debería llevarnos a la contemplación.
LA ESCALA MÍSTICA. – Si la teología es la base de la oración, la contemplación del misterio es el primer peldaño para alcanzar la oración mística. Solo aquí se puede elevar el alma con la substanciación del misterio.
LA DESTRUCCIÓN DE LA MÍSTICA. – El demonio ha suscitado en el mundo moderno, muchos teóricos para destruir esta elevada oración del alma.
Quienes atacan la contemplación son los teólogos de la modernidad, con sus catecismos minimalistas, o como pregonaba Edward Schillebeeckx, no dar a creer más de lo que se necesita. Esto reduce la contemplación y profana la oración; es la escala inversa o descendente de la mística.
Existen muchas formas de oración; pero no podemos olvidar el proceso demoledor de este medio siglo transcurrido. El minimalismo destruyó la oración mística. En su lugar el demonio, que nunca duerme, ideó el carismatismo, el cual se hace con el cuerpo. Así pasamos de la oración del alma a la oración del cuerpo. Pasamos de la contemplación del alma, al baile similar a los coribantes o danzantes paganos de la diosa Cibeles. Este es el proceso de este medio siglo recientemente transcurrido, donde se destruyó toda piedad que pretendía ser elevada.
SE PARTE DEL CONOCIMIENTO. – ¿Cómo se hace esta oración mística en torno a la Trinidad? Primero se debe conocer. No se puede amar lo que no se conoce. En la oración de Santa Catalina, que era hermana terciaria dominica, la Trinidad es concebida al modo de la teología occidental.
LA DESTRUCCIÓN TRINITARIA. – Hoy nos encontramos con el heresiarca Bergoglio, en su magisterio líquido, que sin base de ningún tipo, vive una Trinidad invertida, tal como los demonios invierten la Cruz. Luego pasa a ridiculizar el conocimiento trinitario, tachándolo de idea abstracta. Esto es una prueba fehaciente de la ignorancia de nuestros días, donde luego vemos volcar bajísimos conocimientos, para hacer una oración hueca, la cual inevitablemente desemboca en el carismatismo de origen pagano.
En una oportunidad, escuché decir durante una homilía, que no era necesario explicar la Trinidad, pues era un misterio, y por ende toda explicación se hacía superflua. Error explícito del minimalismo moderno, de una civilización decadente y agotada. Sin conocimiento no se llega al misterio, pues cuando el conocimiento se ve superado, entonces llega la contemplación y el alma se entrega por entero, de donde surge la mística, y cuando surge la mística, el cuerpo al opuesto de los carismáticos, queda perfectamente inmóvil. Cuanto más elevada es la oración, más inmóvil permanece el cuerpo, y cuanto más superflua es la oración, más se hace una danza profana.
LA ORACIÓN DE SANTA CATALINA. – La oración que dejo, es mística pura; es decir que descubriremos al leerla los pasos dados por la santa: conocimiento, contemplación del misterio y elevación mística del alma, formando un cuerpo sólido.
Personalmente la he rezado decenas de veces y cada vez que lo hago descubro algo nuevo. Parece ser inagotable.
LA INSUFICIENCIA DEL LENGUAJE. – Se debe tener presente que en la mística las palabras son totalmente insuficientes, pues no alcanzan a describir el grado de contemplación. Esto lleva inevitablemente a las imágenes, y de ellas se entra en la metáfora profunda, oscura y por momentos confusa; pues así es la contemplación del misterio. Esta es una oración que intenta, como Moisés, entrar en la tiniebla divina.
CATARSIS INICIAL. – La oración se inicia con una profunda catarsis del alma. Inicio necesario si uno desea ser elevado. Lo profano es un peso. Allí oramos en profundas antítesis, como esta:
Tú, Vida, no te has detenido en mí que soy muerte.
Es la vida movimiento, y la Vida Trinitaria no se puede parar, salió por propia iniciativa de sí misma e hizo la creación, donde tampoco se detuvo ante la elección de la muerte por parte de la estupidez humana. Ella avanza dando vida y movimiento vital, hasta derrotar la muerte.
Esto lleva la oración a un profundo agradecimiento hacia la Trinidad, por ser Vida, Luz, Sabiduría...
LA CATARSIS QUE ELEVA. – La catarsis hecha, eleva el alma, pues no se siente despreciada, sino elevada y ahora capacitada para dar Luz, hasta el amor divino que se traslada formando una unidad en la caridad. Esto empuja a preguntar:
¿Quién te ha obligado?
LA ILUMINACIÓN. – Y allí el alma descubre el amor o ágape divino. Con el amor llega la iluminación que se produce en el ojo de la inteligencia, para barrer la ignorancia. Entonces se pasa a la tiniebla del amor divino, lleno de metáforas oscuras como el fuego que germina la sangre, hasta salir de la tiniebla agápica con la llave de la obediencia.
Todo un ciclo de purificación de las pasiones por el fuego del amor, liberación de la ignorancia al iluminar el ojo de la inteligencia, y abandono total por medio de la obediencia.
Descubierto este tesoro, el alma pide que todos puedan contemplarlo, pues está por entrar en las profundidades de la tiniebla del amor divino, que amó la humanidad antes de su misma creación. Todo esto desemboca en la exaltación de la sangre del Hijo.
LA NUBE DEL CUERPO. – Ahora se adentra en la tiniebla divina, que es comparada con un mar profundo, allí dentro el alma busca satisfacción, pero no lo consigue, siempre tiene más apetito, y siempre impedida por el cuerpo de este mundo, que como una nube impide llegar a lo oculto de su abismo. Esto hace que se exclame:
¡Oh Trinidad eterna, fuego y abismo de caridad, disuelve de una vez la nube de mi cuerpo!
Su oración nos recuerda la contradicción poética de otra mística:
...que muero porque no muero. 1
MIRÁNDOSE EN EL ESPEJO. – A continuación, la luz del abismo le mostrará la pesadez de su cuerpo, y femeninamente se mirará en en espejo de la Trinidad, el cual le devolverá la bella imagen de la Trinidad en ella: belleza de potencia, sabiduría y amor. De esta belleza, percibirá el enamoramiento de la Trinidad por su obra, por cuyo amor pasa la Trinidad a darse por entero. La entrega es fuego que quema y alumbra.
MAR, LUZ Y TINIEBLA. – Lo que sigue es la contemplación de la Luz divina, Luz que certifica la Fe, y nuevamente se adentra en ella, y comprobará que es el mar antes enunciado. Luz que es espejo de la unión mística entre la divinidad y la humanidad. Entonces exclamará:
Belleza sobre toda belleza, sabiduría sobre toda sabiduría...
Toda esta contemplación, finalizará en el propósito de perfeccionar el alma, lamentando el tiempo perdido en poder hacerlo, donde nos recuerda a San Agustín:
No conocí tu verdad y por ello no la amé.
EL VESTIDO EMBRIAGANTE DE LA VERDAD. – Cierra la oración con una acción de gracias, por este don inapreciable y finaliza:
Vísteme, vísteme de ti, Verdad eterna, sí, que yo corra esta vida mortal con verdadera obediencia y con la luz de la santísima fe, con cuya Luz parece que nuevamente embriagas mi alma.
"Deo gratias."
Amén.
FORMA DE ORAR. – Para poder apreciar esta oración, de nada sirve leerla de corrido, así no se encontrará nada. Se debe entrar en el silencio interior, sentir el alma con paz, y a partir de allí leer con suma lentitud, deteniéndose en contemplar cada imagen que presenta. Como se puede deducir, la oración da muchísimo tiempo de contemplación, de allí que se puede tener la necesidad de detenerse y proseguir en otro momento.
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1Santa Teresa de Ávila: Vivo sin vivir en mí // y de tal manera espero, // que muero porque no muero.

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