Calesita

Los dos Miércoles de Ceniza

Sobre un concepto de Cuaresma, surge otro concepto, al principio imperceptible, pero que está arraigado en la Teología Moderna, es decir, en la Teología de la Miseria.

Afirma Mario Righetti en su Historia de la Liturgia:
En el uso litúrgico tanto de la Iglesia latina como de la Iglesia griega, se suele anteponer a la Cuaresma un período de tres semanas, las cuales llevan el nombre en orden de tiempo de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima. Este apelativo, que se remonta probablemente a la época misma de su institución, puede parecer extraño si se piensa que no indica, como parece, setenta, sesenta, cincuenta días, sino, respectivamente, la novena, la octava y la séptima semanas antes de Pascua. 1
ROTURA CON LA TRADICIÓN.Para los que se han educado en los últimos cincuenta años, podrá resultarles un lenguaje extraño, pero finalizado el Vaticano II, se rompió deliberadamente con esta tradición que estaba en vigor, tanto en oriente como en occidente. Mientras el Vaticano II hablaba de la unidad de oriente con occidente, en algunos hechos, sucedía todo lo contrario, sobretodo cuando se trataba de anestesiar las incomodidades.
UN CONCEPTO DE CUARESMA.Pero esto no es todo, analicemos como en 1960 se iniciaba el primer día de cuaresma en occidente, esto es en el Miércoles de Ceniza. El sacerdote imponía las cenizas a los fieles diciendo la siguiente fórmula:
Recuerda, hombre, que del polvo vienes y al polvo volverás. 2
Sin embargo, con el Novus Ordo, se agregó esta otra, y como se hace en algunos casos, a elegir o a mezclarlas, según el capricho del que lo hace:
Conviértete y cree en el Evangelio. 3
SU ANÁLISIS.Analicemos sus diferencias, que no son solo accidentales. La primera es explicada por el Catecismo de San Pío X en su Número 40, de este modo:
La Iglesia, al principio de la Cuaresma, acostumbra poner la sagrada Ceniza para recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo.
Y en el número 41, explicitaba lo dicho, para que no existan dudas al respecto:
Hemos de recibir la sagrada Ceniza con un corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.
Más claro imposible. Se busca un llamado de atención, una meditación en el hombre, hecho de la arcilla de Adán, cuyos días por este mundo están contados. Este recuerdo debe producir un doble efecto: humillación por un lado, pues el hombre tiende a exaltarse y creerse que sus días en este mundo se extienden sin que llegue su final y el carpe diem por el otro.
EL CARPE DIEM CUARESMAL.Esta humillación de la Ceniza nos lleva al carpe diem: Hombre, aprovecha el día. Y este aprovechar el tiempo nos lleva a la penitencia en esta cuaresma. Mientras aún tengas vida, haz penitencia pues tus días contados están. Es lo que se leía en la breve lectura de la hora de Prima, la cual tuvo la desgracia de ser suprimida nada menos que por un concilio. ¿Motivos? No dieron ninguno. Y así leemos todos los días en la resucitada hora de Prima; y digo resucitada, pues lo que se suprime sin motivo, renace con motivo:
Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenle mientras está cerca. 4
Este mientras, es el carpe diem cuaresmal. El mismo que proponía San Pablo:
El tiempo es corto. 5 Por consiguiente, mientras hay tiempo, hagamos bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe. 6 Así pues... no sean necios, sino sabios; aprovechando (ἐξαγοραζόμενοι) el tiempo, porque los días son malos. 7
EL OTRO CONCEPTO DE CUARESMA.Sobre este concepto de cuaresma, nacerá lentamente otro concepto, que contrastado con el primero, se podría afirmar que la cuaresma ha mutado. Este nuevo concepto lo tenemos plasmado en la segunda fórmula. Así hallamos lo de siempre en esta novedosísima era de la modernidad: el rito mutante occidental. La gestación de este nuevo concepto, posee su hipóstasis en otra teología que la engendra, en la nueva teología, la teología de la miseria. Veamos lo que nos propone esta nueva fórmula de conviértete (poenitemini) y cree en el Evangelio.
Primero, se inicia con un verbo en imperativo: Poenitemini. El imperativo es una orden directa sobre la persona para que obedezca. Esto es algo muy propio de los años de plomo; eran años donde se daban órdenes directas sobre los católicos, para moldearlos de acuerdo a sus novedosos conceptos y caprichos. No existen imperativos en la vieja fórmula, tan solo se le pedía al cristiano que reflexionara, y para su propio bien. Dios no obliga a nadie a seguirlo, tan solo se lo pide, algo que la nueva fórmula desnaturaliza por completo.
Segundo, encontramos una traducción tramposa en un término genérico: Pœnitemini. Pœnitere en latín es arrepentirse, mientras que convertirse es convertere. Esto hace que la traducción pueda ser objetada, pues no es lo mismo hacer penitencia que convertirse, si bien son dos procesiones ligadas entre sí. Quien hace penitencia presupone una conversión ya hecha, más aún, ha adelantado dentro de ella y se ubica en otra etapa de su vida espiritual. Por ello, convertirse y hacer penitencia no son sinónimos.
Tercero, hallamos otro verbo, también en imperativo: cree. Esto es una torpeza, pues Dios a nadie obliga a creer. Esto no es el islamismo, donde si no crees te degüellan, esta es una Fe que nace de la libertad de la persona asistida por la Gracia, algo que la fórmula no refleja en absoluto.
Cuarto, si contrastamos los verbos de las dos fórmulas, observamos que en la primera se impone una reflexión que conduce al carpe diem, en la segunda se da una orden directa para que abrace la fe evangélica.
Quinto, como lo expresa la fórmula novedosa, creer es una consecuencia de convertirse. Error garrafal, pues es la Fe, el hecho de creer, que engendra la conversión.
CONTRASTES. – En la antigua es algo concreto, en la moderna es algo genérico y vago, como diría Bergoglio, es una idea abstracta.
En la antigua se pide hacer penitencia, en la moderna se ordena abrazar una fe a lo protestante, es decir sin hacer referencia a las obras, y dentro de ellas, sin hacer penitencia.
La vieja fórmula se basa en el logos, en una consideración de la mente, de este logos procederán las procesiones de la penitencia. Algo de por sí lógico.
La nueva fórmula se basa en la acción de convertirse; y de esta acción de conversión se genera la Fe, cree, de donde procede el imperativo de aceptar la doctrina, el evangelio. ¿Por qué destaco esta formulación ilógica? Pues porque el modernismo se basa en la acción: En el principio fue la acción 8, no fue el Logos. Es decir que agere, facit esse. Algo que refleja este contraste de formulaciones. Por ello vemos en nuestra miseria de la Teología moderna, como la pastoral configura la doctrina.
Veamos como ve el tema, una página neomoderna, como mercaba.org, que nos trae un texto de J. Aldazabal:
Una fórmula apunta a la conversión al Evangelio: «Convertíos y creed el Evangelio» (que parecería más propio que se dijera en singular, como la otra es más interpelante). Mientras que la otra alude a nuestra caducidad humana: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». Ahora bien, parece que sería más educador acompañar estas palabras con dos gestos complementarios: el sacerdote impone la ceniza a cada fiel, diciendo la fórmula de la ceniza y el polvo, y a continuación el fiel pasa a otro ministro que está al lado y que le ofrece el evangelio a besar, mientras pronuncia sobre él la fórmula que habla del evangelio. No creo que complique mucho el rito, y podría resultar más expresivo de la doble dimensión de la Cuaresma. Ya se ha experimentado con éxito en algunas comunidades, tanto parroquiales como más homogéneas y reducidas. 9
LITURGIA EDUCADORA.No puede ocultar Aldazabal, lo que criticamos del imperativo, por ello dice que la nueva fórmula es más interpelante, y luego pasa al rito educador y por tal educación mezclar las cosas. Los ritos, o la liturgia no es educadora. La liturgia es oración, no educación, algo que los modernistas confunden permanentemente. La educación se tiene que hacer antes del rito. El catolicismo no es una religión de masas como la concibe Bergoglio, ni es una religión vaga a lo Islam; el catolicismo es iniciático. Si no se educa, el rito cae en el vacío.
LA COHERENCIA DE LO MODERNO.Por supuesto, aquí se puede afirmar, que es la segunda fórmula coherente con el simbólico ayuno obligatorio de dos días. Si no vamos a ayunar, pues entonces conviértete. Este es el mensaje final al que nos lleva, la trampa del Novus Ordo del Gran Arquitecto Bugnini. Como me dijo una vez mi confesor inconscientemente imbuido de esta mentalidad:
Estamos en cuaresma, no hay que hacer nada de especial, – y me repite – nada de especial. Solamente ofrecer a Dios lo que hacemos todos los días.

1Mario Righetti. Historia de la Liturgia. Tomo I, 4. La Cuaresma.
2Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris.
3Poenitemini, et credite Evangelio.
4Isaías 55,6: Quaerite Dominum dum inveniri potest: invocate eum, dum prope est.
52 Corintios 7,29.
6Gálatas 6,10.
7Efesios 5,15 y 16.
8Johann Wolfgang von Goethe. – Fausto; Gabinete de Estudio.
9MISA DOMINICAL 1993, nº 3

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